La medición de emociones, entre las tendencias que transformarán la economía digital

El auge del Internet de las Cosas (IoT) y de la inteligencia artificial ha abierto las puertas a una nueva era donde cualquier experiencia es susceptible de ser personalizada de acuerdo a las emociones del cliente.

Desde coches que recomiendan música según tu estado de ánimo a smartwatches que miden nuestra felicidad pasando por gafas para “leer” las emociones, hay ya en el mercado toda una nueva generación de dispositivos perfeccionados para medir nuestras reacciones y brindarnos mejores experiencias basadas en la dimensión emocional.

Pulso, sudoración, movimiento ocular, lenguaje no verbal… todo ello es monitorizado en tiempo real en lo que se denomina la “digitalización de los sentidos”. Una práctica que algunos expertos sitúan entre las cinco con mayor proyección para los próximos años.

El estudio recoge las 5 tendencias emergentes más relevantes que, por su especial impacto a nivel transversal en diferentes sectores económicos, deben tenerse en cuenta en los planes estratégicos de las compañías. Además de la medición de emociones, los autores del estudio señalan el blockchain (la tecnología que hay detrás de los bitcoins), el concepto XaaS (también conocido como “Everything as a service”), la inclusión como fortaleza (con la diversidad y pluralidad como valor diferencial de las compañías) y el biohacking (conectividad sin límites para ampliar capacidades cognitivas a través de la tecnología).

La pujanza de la digitalización de los sentidos es un reflejo del cambio en las demandas de los consumidores. Según señala una experta en cazar tendencias: “Ahora, el reto es crear un robot para casa que no sólo es capaz de ayudar con las necesidades de todos los días, sino que realmente es capaz de formar una conexión emocional con las personas”.

Las empresas tienen ahora por delante el apasionante reto de incorporar la medición de emociones a sus estrategias, anticipándose a sus competidores para poder ofrecer a los consumidores innovaciones alineadas con sus necesidades. La investigación de emociones despunta, una vez más, como apuesta de futuro para las organizaciones.

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