Domador de leones, domador de emociones

“Domar: Sujetar, amansar y hacer dócil al animal a fuerza de ejercicio y enseñanza” (DRAE, Ed.23ª). En esto consiste la labor del domador. Si cambiamos la expresión “Domador de leones” por “Domador de emociones”, estaríamos hablando de alguien que sujeta, amansa y hace dóciles las emociones a base de ejercicio y enseñanza. A nosotros esta definición nos sirve para hablar de gestión de emociones a nivel interpersonal, es decir, de las relaciones/emociones interpersonales en el entorno laboral, que es de lo que queremos hablar en este post.

Las relaciones con los compañeros (en el sentido amplio de la palabra, es decir, que incluimos aquí al/los jefe/s) es una de las áreas que peor experiencia de empleado provoca si no se gestiona adecuadamente. Somos seres emocionales. Las emociones están presentes en todos y cada uno de los lugares en los que hay personas. Y por mucho que queramos, las emociones no son algo que solo afecta al que las siente, sino que repercuten directamente en los de alrededor. Esto es algo que todos de una u otra manera sufrimos en nuestros trabajos (con los enfados de unos, las inseguridades de otros, los ataques de nervios de los de más allá, etc.) cuando se trata de emociones negativas. Pero que también disfrutamos (con el optimismo de unos, la alegría de otros, el buen humor de los de más allá), cuando se trata de emociones positivas. Pero, ¿no te parece que en general de lo segundo hay menos? No sabemos si es un sesgo perceptivo, pero a nosotros nos parece que en el entorno laboral en general (no en el grupito de compis con el que uno se va a tomar café), hay un porcentaje mayor de emociones negativas que surgen en unos y tropiezan con las de los otros, formándose un batiburrillo emocional difícil de manejar. Y es así como se producen los conflictos interpersonales que tanto malestar provocan a todos (tanto a los implicados como a los meros observadores) y que afectan a otras muchas variables importantes para la organización (clima laboral, productividad, absentismo, rotación, implicación, sentido de pertenencia e identificación, etc.).

¿Cómo domar las emociones propias y las ajenas? ¿Esto es algo de lo que deberían preocuparse las organizaciones o allá cada uno con sus “malos rollos”? Como ya hemos mencionado en otros post, las emociones negativas son el germen de la desmotivación, y ésta de la falta de compromiso y todo lo demás asociado. No importa quién o qué las provoque, si surgen, y sobre todo si se ven afectadas por parámetros de frecuencia, intensidad o duración, sin ninguna duda hay que hacer algo con ellas.

No queremos ser malos, pero mirando la definición en la RAE, hemos visto que proponen domesticar como sinónimo de domar y lo definen como “Hacer tratable a alguien que no lo es, moderar la aspereza de carácter”. ¿Quién no tiene un compañero que domesticar? ¡¡Por Dios, que alguien le enseñe algo sobre gestión de emociones y sobre asertividad para que deje de generar ese ambiente tan dañino!! ¿Quién no se ha enfadado, o puesto nervioso, o frustrado y no ha sabido qué hacer para que no le afecte demasiado? ¡¡Cómo hubiera agradecido que alguien le hubiera enseñado a manejar sus emociones!!

En la vida en general, debemos aprender a domar/gestionar nuestras emociones para ser más felices y relacionarnos mejor con los demás. Esto es una elección propia. Cada uno que se ocupe como quiera de su inteligencia emocional. Pero cuando se trata del trabajo, por el bien nuestro y el de todos, es decir, por el bien de la organización, debemos esforzarnos por ser felices y estar motivados. Pero si nadie nos enseña, no siempre podremos conseguirlo. Por eso consideramos que es fundamental dotar a los empleados de estrategias de gestión emocional, ofrecerles recursos y herramientas para domar sus emociones (esos leones que a veces rugen en nuestro interior). Hacerlo, asegura una mejora clara en la experiencia del empleado.

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